"La mente infantil pide conflicto y el cuento no traumatiza: prepara para la vida"
El catedrático de Lengua y Literatura Antonio Rguez. Almodóvar, autor de más de medio centenar de libros,
Rodríguez Almodóvar desarrolla una destacada labor de recuperación de los
cuentos populares españoles. Una de sus colecciones, reeditada desde 1985, ya
ha alcanzado los cinco millones de ejemplares. Ayer participó en unas jornadas
internacionales sobre Literatura Infantil y Juvenil y volvió a reivindicar la
importancia de un tipo de narración que ha sido "esencial" para la
humanidad durante siglos.
-Usted defiende los valores pedagógicos del
cuento popular, pero en los últimos tiempos surgen voces críticas por entender
que transmiten estereotipos sexistas o ser demasiado dramáticos para los niños.
-No estoy de acuerdo. Todo depende de la
versión de la que estemos hablando. Siempre trato de recuperar las orales
porque son de verdad las que encerraban más valores. Si a La
Bella Durmiente le
sacamos la segunda parte queda en un cuento un poco tonto de una princesa
condenada a dormir que solo despierta por el beso de un príncipe azul. Pero
después ella tiene que salir adelante en medio de enormes dificultades porque
él se va a la guerra y debe hacerle frente a una suegra edípica que devora a
sus nietos. Dirá la gente que casi es peor (risas). Lo cierto es que hay que
partir de una base más sólida para analizar los cuentos. Tienen un valor
simbólico y de lo que se cuenta representan otra cosa: el mal, el daño
gratuito, la desprotección de los niños... El contraste mental entre lo que el
niño escucha y lo que vive es lo realmente importante porque se siente
protegido por su familia y refuerza su posición en el mundo. Todo esto es un
mecanismo simbólico de la mente sobre el que se han hecho muchos estudios
comparativos.
-¿Se otorga a los niños menos capacidad para
diferenciar la vida real de la ficticia por esa visión de lo políticamente
correcto que hoy invade todos los ámbitos?
-Hansel y
Gretel, que era muy conocido como Periquín y Periquina en las tertulias hogareñas y
campesinas españolas antes de que se rompiese la cadena oral, transmite que
alguna vez tendrás que abandonar el hogar y más vale que sepas que la vida es
un camino arduo y difícil. Pero también que tú puedes hacerlo. Es un mensaje
simbólico que hace que el niño se prepare para la aventura de la vida y no crea
que todo será un camino de rosas.
-Es uno de los problemas de la sociedad
actual, los niños viven en una burbuja hasta adultos.
-Y entonces el encuentro con la vida es un
encontronazo, un choque brutal. Sentirse de pronto en el bosque de la vida sin
tener absolutamente ningún recurso para salir adelante es mucho peor que
escuchar un cuento.
-¿Hay lugar para el cuento en un mundo digital
como el de hoy?
-Yo creo que sí. El problema de las versiones
digitales es que simplifican demasiado las historias. La estructura narrativa
debe incluir un conflicto inicial importante, un desarrollo en forma de intriga
y un final coherente. Esto es lo que hace que una historia, además de darle al
niño una visión del mundo, le ayude a construir su estructura mental. Lo más
importante de los cuentos es que su estructura interna ayuda a construir el
andamiaje mental. Esto es lo esencial, incluso por encima de los valores que
tienen. Machado, uno de mis autores predilectos, decía que lo importante es
formar bien las entendederas.
-De ahí la importancia de que los cuentos
estén en casa y en el colegio.
-Claro, y que los maestros los cuenten con
cariño porque el valor afectivo es importantísimo para fijar bien la historia y
que la mente se sienta reconfortada. Lo políticamente correcto ha hecho
estragos y ha obligado a las editoriales a publicar cuentos mal construidos o
bobadas, que de esto hay mucho hoy. Tengo que hacer un elogio de los
ilustradores españoles porque hay gente verdaderamente extraordinaria, pero
cuando vas a la historia te preguntas cuándo va a pasar algo. No hay derecho.
La mente infantil está pidiendo otra cosa, ¡un conflicto! ¿Cómo que se va a
traumatizar? Es lo contrario. Sin un referente simbólico para que entiendan por
sí mismos que las dificultades están ahí, los niños crecerán entre algodones y
pensando que todo es muy fácil. La doctrina no sirve con los niños, sirven los
buenos cuentos contados para estimular la comprensión del mundo en todo su
rigor.
-Ana María Matute, que le apodó como el tercer
hermano Grimm, siempre reivindicó la calidad literaria de los cuentos.
-Sí, además de bien construido, el cuento es
bello y hermoso añade un valor importantísimo. El valor estético de la vida y
de la vida literaria no se aprende de un día para otro, es una construcción muy
paciente hasta que arraiga de verdad el deseo de una buena literatura. Y con
historias de tres al cuarto no pasa esto. La literatura infantil y juvenil a
veces carece de una crítica seria y también es triste que sea una asignatura
optativa en las escuelas de Magisterio. Debería ser una troncal a la que se
dedicase el año entero.
-¿Los niños que hoy disfrutan con los cuentos
son los lectores del futuro?
-Claro. O los no lectores, porque la afición a
leer se desarrolla con buenas historias. Antes había decenas de cuentos en las
tertulias hogareñas y cada familia tenía uno predilecto que ayudaba a construir
el grupo. Me han dado las gracias muchas veces por recuperar el cuento de su
abuelo que no encontraban por ninguna parte y, a continuación, me han dicho que
la historia no era así (risas). No despreciemos nunca la inteligencia de los
niños, por favor. Necesitan una buena estructuración mental y que ellos mismos
interpreten y deduzcan con el tiempo, no hay prisa. La moraleja es innecesaria.
Ana María Matute era gran enemiga de las moralejas. Siempre decía que los niños
no son tontos. Hay que contar el cuento y ya está. Lo contrario es ofensivo y
no valora realmente de lo que el niño es capaz.
FUENTE:
Sandra Penelas
www.laopinioncoruna.es/contraportada/2015/03/07/.../934489.html




